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    Una vez escribí todo es el primer libro de Natalia Iñiguez, editado por la Editorial Simulcoop, hoy está agotado, pero rescatamos tres últimas copias.


    Aproximación a Una vez escribí todo de Natalia Iñíguez (por Quinito, editor de Simulcoop)Al preparar este texto pensaba referirme en el derrotero invisible de poemas y textos publicados en fanzines y plaquetas que componían la obra de Natalia Iñíguez, o bien, hablar de los textos marginales en hojas A4 impresos/ fotocopiados para alguna ocasión de lectura que, vaya a saber de qué época, terminaron componiendo un largo archivo de google drive para trabajar. A su vez, recordaba las veces en las que la vi discutir y leer en público: conocerla en un taller de encuadernación que dimos en la Biblioteca Popular de Ciudad Jardín fue la revelación de un montón de movidas y personas que estaban vinculadas en las actividades que se hacían en San Martín, Villa Bosch o Coronado, que iban desde los recitales de poesía a los festipunks.La primera selección de poemas tuvo que ver con textos que en alguna medida problematizaban ciertas narrativas femeninas e indagaban sobre el proceso creativo, marcas de género y el cuerpo: “Redescubrirse / en la tensión / del nombre / natalia: / el nacimiento / es escribir / con los óvulos / preparados / para caer.” Si bien esta línea se abre en una seguidilla de poemas, al releer Una vez escribí todo noté que empezaba con un texto de Ioshua y cerraba con un poema dedicado a la adolescente asesinada Melina Romero y, que en ese arco de sentido propuesto, se abría una zona de dolor y ausencias donde con la escritura no basta “Porque no tengo letra ni palabra / Ni aullido ni silencio suficientes” y se reduce muchas veces al testimonio: “Tu nombre no fue / el de ninguna de mis amigas / pero el esténcil en mi barrio / dice que todas somos vos /Melina”La poesía de Iñíguez es parca y luminosa, nos muestra ese sinsabor, el matiz del afecto por lo que pudo ser, la injusticia se revela en pequeñas acciones cotidianas de una mujer y cierta nostalgia irremediable del paso de los años.Hace muchos años que vivimos Pablo Podestá, donde tenemos una calle que se llama Los Poetas, ¿Pero hay poetas en nuestro barrio? ¿En esa calle? Hacemos chistes sobre esto y al mismo tiempo sabemos que nunca nos sacaremos una foto ahí, este quizás sea nuestro gesto, nuestra manera de mostrar también otras ausencias.


    Una vez escribí todo - Natalia Iñiguez

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    Una vez escribí todo es el primer libro de Natalia Iñiguez, editado por la Editorial Simulcoop, hoy está agotado, pero rescatamos tres últimas copias.


    Aproximación a Una vez escribí todo de Natalia Iñíguez (por Quinito, editor de Simulcoop)Al preparar este texto pensaba referirme en el derrotero invisible de poemas y textos publicados en fanzines y plaquetas que componían la obra de Natalia Iñíguez, o bien, hablar de los textos marginales en hojas A4 impresos/ fotocopiados para alguna ocasión de lectura que, vaya a saber de qué época, terminaron componiendo un largo archivo de google drive para trabajar. A su vez, recordaba las veces en las que la vi discutir y leer en público: conocerla en un taller de encuadernación que dimos en la Biblioteca Popular de Ciudad Jardín fue la revelación de un montón de movidas y personas que estaban vinculadas en las actividades que se hacían en San Martín, Villa Bosch o Coronado, que iban desde los recitales de poesía a los festipunks.La primera selección de poemas tuvo que ver con textos que en alguna medida problematizaban ciertas narrativas femeninas e indagaban sobre el proceso creativo, marcas de género y el cuerpo: “Redescubrirse / en la tensión / del nombre / natalia: / el nacimiento / es escribir / con los óvulos / preparados / para caer.” Si bien esta línea se abre en una seguidilla de poemas, al releer Una vez escribí todo noté que empezaba con un texto de Ioshua y cerraba con un poema dedicado a la adolescente asesinada Melina Romero y, que en ese arco de sentido propuesto, se abría una zona de dolor y ausencias donde con la escritura no basta “Porque no tengo letra ni palabra / Ni aullido ni silencio suficientes” y se reduce muchas veces al testimonio: “Tu nombre no fue / el de ninguna de mis amigas / pero el esténcil en mi barrio / dice que todas somos vos /Melina”La poesía de Iñíguez es parca y luminosa, nos muestra ese sinsabor, el matiz del afecto por lo que pudo ser, la injusticia se revela en pequeñas acciones cotidianas de una mujer y cierta nostalgia irremediable del paso de los años.Hace muchos años que vivimos Pablo Podestá, donde tenemos una calle que se llama Los Poetas, ¿Pero hay poetas en nuestro barrio? ¿En esa calle? Hacemos chistes sobre esto y al mismo tiempo sabemos que nunca nos sacaremos una foto ahí, este quizás sea nuestro gesto, nuestra manera de mostrar también otras ausencias.


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